El panadero y la copla

El panadero y la copla

Qué triste que está la luna
y el lucero la acompaña.
Qué triste se pone el hombre
cuando la mujer lo engaña.

Tan alta que está la luna
y el lucero la acompaña
Qué quieto se queda el día
cuando la noche lo apaña.

De muchas coplas existen varias versiones que circulan. Es algo propio de la tradición oral, la falta de fijeza de una versión definitiva. Si conocimos una primero, probablemente nos desconcierten las demás. Ante la deriva surge muchas veces la necesidad de encontrar la “auténtica”, la “original”, la “verdadera”.

El fenómeno de la variación se puede pensar a partir de dos fuerzas aparentemente contradictorias.

Una fuerza sería la de la degradación: Las traiciones de la memoria secuestran versos o los intercambian por otros, la ignorancia hace perder el sentido de las palabras, la desidia destruye la métrica y las rimas, y finalmente las coplas se van corroyendo hasta volverse irreconocibles.

En su lucha contra esta fuerza degradante, el recopilador aspira a encontrar la copla “original”, tal como la cantó el primer poeta o, mejor aún, encontrar una fuente escrita, fijada e inamovible.

“[Carrizo] no perseguía él con sus numerosas reconstrucciones parciales embellecer los cantares, sino devolverles, en lo posible, la integridad y la coherencia que una vez tuvieron; pues la gente que los hizo, los cantó o los oyó no tuvo ante así, al menos en sus principios, un texto incomprensible o con las rimas trabucadas (…) los versos entraron enteros en el torrente de la tradición. ” “Al lector actual (…) no le interesa el resultado de la acción disgregadora de la tradición declinante, sino la enriquecedora de su tiempo de esplendor” (Bruno Jacovella, Introducción a la “Selección del cancionero de Catamarca” de Juan Alfonso Carrizo)

Si el recopilador no encuentra la fuente primera o no puede deducirla a partir de varias, actuará como “un buen juglar” que “habría cantado completo e inteligible lo que llegó a sus oídos parcialmente desintegrado”.

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Sin embargo también podemos pensar la variación como el resultado de una fuerza opuesta, positiva y contructiva.

“En las coplas de los distintos géneros del canto con caja no es raro hallar repetidos versos y aún estrofas enteras. La tradición oral hace que estas canciones viajen con sus intérpretes de una región a otra y la creación colectiva va incorporando materiales ajenos al lugar.” “Cuando alguien echa a rodar una canción en el mundo agreste, su aliento regará generaciones y será tocada y retocada a través de legiones de cantores. El pueblo la ventiló en la sed de infinitas gargantas y siendo el compositor anónimo de un canto reelaborado por muchos, perfecciona lo que sirvió a la emoción innumerable.” (Leda Valladares, “Cantando las raíces”)

Estaríamos entonces  ante una fuerza creadora, que captura lo que fue una copla más o menos inspirada y la va puliendo con el paso del tiempo, como el río a la piedra, hasta encontrar, cada vez, su forma perfecta. Desde este criterio, la copla verdadera no es entonces aquella que se lanzó al torrente de la tradición y sufrió el desgaste del tiempo, sino aquella que sobrevivió y que alcanzó su forma mejor para poder seguir viva en la memoria de la gente.

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En mayo de 2015 jugaban Boca y River una semifinal por la Copa Libertadores en cancha de Boca.  Cuando los jugadores de River salían a la cancha para jugar el segundo tiempo fueron atacados con gas pimienta y varios sufrieron heridas en los ojos y la piel. Alguien había cortado desde la tribuna la manga de protección y lanzado el gas irritante dentro. El partido se suspendió y luego se le dio por perdido a Boca. En su afán por alivianar las sanciones, el club intentó ayudar en la investigación de lo sucedido. Entre las informaciones que circulaban había una que apuntaba hacía un hincha apodado “El Panadero”. Una persona que solía vestir con un gorro particular, y que podía verse en varios videos en la tribuna, aunque ninguna realizando la acción de la que se lo acusaba.

Del “Panadero” comenzaron a circular distintas versiones. Que “no era un barra”, que “era un buen pibe”, “un laburante que se levanta a las 4 de la mañana”, etc. Mientras tanto él desapareció de los lugares que frecuentaba. Varios días después apareció finalmente el video definitivo en donde se veía claramente la operación de tajear la manga y lanzar el gas.

El “Panadero” se comunicó entonces con un periodista a través de un mensaje, dio a entender que no había esperado que “fuera a llegar a tanto”, que fue “sin darse cuenta”, contó los días terribles que estaba teniendo que vivir y dijo la célebre frase

“Pensé que no había cámaras”.

La frase fue el titular o la bajada en muchas de las noticias correspondientes. Se puede entender. La idea absurda de que en uno de los partidos más importantes de Latinoamérica, en pleno siglo XXI, no haya cámaras que cubran todos y cada uno de los pormenores del juego y de la seguridad, da cuenta de una ingenuidad notable. La excusa digna de Homero Simpson “no pensé que te darías cuenta” y las explicaciones previas sobre las consecuencias no esperadas dan la idea de un escolar travieso que, de pronto, ve que su travesura se va de las manos y ante las consecuencias catastróficas, toma conciencia y, rojo de vergüenza, pide perdón por su picardía.

Solo que el “Panadero” no dijo eso.

Como se escucha en el audio, lo que dijo realmente fue, explicando por qué no se había comunicado antes, “Por ahí no había ninguna cámara, zafo”.

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La diferencia parece pequeña pero no lo es. La frase dicha nos muestra a una persona calculadora y mezquina, que realizó una acción premeditada y que, ante las consecuencias, prefirió esconderse primero y especular con una posible salvación. Ante la evidencia de la filmación sale a hablar para reducir los daños y evitar represalias, probablemente por parte de la propia barrabrava de su club. La consecuencias, aquello de que “fue sin darme cuenta, no pensé que iba a llegar a lo que llegó” no eran, seguramente, las lesiones de los jugadores de River, sino la derrota de Boca.

Podríamos sospechar que la modificación de la frase en los medios fuera intencional y calculada con algún propósito oscuro, pero no lo creo. La frase “original” en el sentido de la realmente dicha, da una noticia pobre, sobre un hecho triste y una humanidad mezquina. La frase modificada permite al menos arrancarle al absurdo una sonrisa y está destinada a permanecer en la memoria mucho más tiempo. Creo que esa es la frase verdadera.

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