Un minuto de silencio para Marina Abramovic

Nos llega el video por alguna red social. “Nos lo comparten” como se dice ahora. Se trata (pero todavía no lo sabemos) de un fragmento de un documental sobre Marina Abramovic.

Tampoco tenemos idea de quién es Marina Abramovic pero el video no viene solo. Trae una explicación que pone en contexto lo que vamos a ver.

En los años 70, Marina Abramovic mantuvo una intensa historia de amor con Ulay. Pasaron 5 años viviendo en una furgoneta realizando toda clase de performances. Cuando su relación ya no daba para más, decidieron recorrer la Gran Muralla China, empezando cada uno de un lado, para encontrarse en el medio, abrazarse y no volver a verse nunca más. 23 años después, en 2010, cuando Marina ya era una artista consagrada, el MoMa de Nueva York dedicó una retrospectiva a su obra. Dentro de la misma, Marina compartía un minuto en silencio con cada extraño que se sentaba frente a ella. Ulay llegó sin que ella lo supiera, y esto fue lo que pasó:

Play.

Estamos en el museo. Un señor canoso pasa entre dos personas desnudas. La artista con un vestido rojo está sentada frente a otra persona, mesa por medio. Primer plano de la cara inexpresiva. Gente alrededor con aire de inauguración, todos de traje oscuro. Murmullos. El señor camina saludando a alguna gente. La artista cierra los ojos y se concentra para el próximo participante. El señor entra, se sienta frente a ella, estira una pierna, la otra, se acomoda el saco. La artista abre los ojos, sonríe brevemente, baja los ojos y entonces…

Los violines. Otra vez el pianito y los malditos violines. ¿No era un minuto en silencio? ¡No entendiste nada, chabón! ¡¡¡SILENCIO!!!

Calma, abuelo. Es un video. Tomáte la pastillita…


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Ella suspira, él resopla, ella llora, él parpadea, plano-contraplano, etc. La música sigue, modo menor, dominante, tónica, dominante, tónica. Ella estira las manos, él sonríe y las toma. Aplausos. Él dice algo, ella suelta las manos, él se levanta. Más aplausos. El piano empieza con unos arpegios, túquiti-túquiti, las cuerdas un vibrato artificial. Ella enjuga sus lágrimas y se concentra para la siguiente persona.

Todo muy emotivo.  Muy”viral“.

Hace unas semanas José Pablo Feinmann escribió un artículo sobre 4’33”, la obra silenciosa de John Cage. El artículo levantó una pequeña polémica entre los pocos que nos importaba. El punto más controvertido era el final donde sostenía que ciertas músicas que mencionaba “valen más que todos los silencios de Cage”. Algunos amigos que defendían el artículo suscribían ese concepto (totalmente respetable) e incluso llegaban a la hipérbole de que “cualquier música es más valiosa”.

No lo comparto. Creo que en ciertos casos es mejor el silencio.

El video es emocionante sí, pero no puedo darle “compartir”. Me siento manipulado. El primer ataque del piano es como si apareciera una voz que dijera “¡Emociónate!” (así, en castizo). Además, esa música no me gusta.

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La obra de Abramovic se llama “The artist is present“, que se traduce normalmente por “La artista está presente”, aludiendo a su performance. Pero además tiene la lectura posible de “La artista es presente” en referencia al instante temporal. Debe ser interesante pasar un minuto en silencio frente a una persona que se ha entrenado en  vivir el aquí y ahora.

Una lectura posible de la obra de John Cage nos deja la enseñanza de transcurrir el presente tal como es. Otra, más prosaica, la de prestar atención a los sonidos que nos rodean. Creo que ambas lecturas están relacionadas con la obra de Abramovic.

La música incidental del video aspira a reflejar el transcurrir de las emociones de los participantes. Su entrada subraya el comienzo del momento emotivo y apunta a acortar distancias con la sensibilidad del espectador. Director y compositor sabrán mejor, por algo el video es un éxito. Aguantarse la secuencia en silencio requeriria de una preparación pero eso es parte del “trabajo” del arte contemporáneo. “El oyente tiene que trabajar” decía Kagel. En el video toda la obra está predigerida y orientada a un único efecto y un único sentido.

Ejercicio 1: Falsear el montaje. Capturar el video y editar el sonido duplicando el ruido ambiente de la secuencia anterior. O agregar un ruido ambiente cualquiera que simule ese espacio.

Ejercicio 2: Escuchar. Bajar el volumen. Mirar el video mientras escuchamos lo que sucede a nuestro alrededor. Estamos en silencio con los artistas.

Y sin embargo ya fuimos manipulados mucho antes del ataque de la música. El texto previo, el encuadre, el montaje… Es cierto, todo tenía el fin noble de llevarnos a una emoción catártica, pero…

Ejercicio 3: Parar el video. Escuchar durante un minuto.

Seguimos siendo manipulados.

Ejercicio 4: Apague la computadora, escuche un rato. Siga con su vida.

 

 

 

¿Seguís acá? Sí, es difícil no pensar en un elefante. Una vez más, el maestro Maslíah lo demuestra con contundencia e ingenio. [El título de la canción es “Sugerencias”]

Hay mil versiones del encuentro de Marina y Ulay. Yo usé esta.

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